Nos enamoramos… formamos una familia… parece que esa felicidad y esos sentimientos de ternura van a durar siempre… Pero vivimos estresados, la convivencia es difícil y los niños crecen…
Empiezan a hacerse notar las diferencias: en la gestión del dinero, en la educación de los hijos, en las relaciones con la familia política, en la organización de las tareas cotidianas, en las aspiraciones vitales, en la manera de reaccionar ante los problemas… Y una prueba más difícil puede parecer insuperable: una enfermedad, un trastorno mental, un cambio de domicilio, una infidelidad, una adolescencia complicada, un conflicto laboral…
Una crisis puede convertirse en ocasión de mejorar, de crecer como familia. Sin embargo, hay miles de hombres, mujeres, adolescentes y niños que, aun luchando, no logran salvar su amor y sufren profundamente.
- Si sientes que no se te entiende o no te sientes escuchada
- Si ves que todas las conversaciones terminan en discusión o un silencio helado se ha adueñado de la comunicación
- Si ya no reconoces a la persona de la que te enamoraste o al bebé que mecías en tus brazos
- Si sientes que tus metas y aspiraciones se han visto frustradas
- Si crees que la familia política se ha adueñado de tu hogar
- Si ves que tu pareja te deja sola con todas las cargas familiares
- Si la rutina y la falta de intimidad son el día a día de tu relación
- Si miras a tu cónyuge con desconfianza o resentimiento
- Si se te han quitado las ganas de quedar con tu pareja o de hacer planes con ella
- Si no sabes cómo motivar a tus hijos
- Si se han vuelto huraños o agresivos
- Si los problemas escolares son cada vez más frecuentes
- Si estás a punto de darte por vencido
¡No estás solo para vivir la verdad que tu corazón anhela!
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